Ya estaba decidida, nada le importaba ya... sabía que no había mañana para ella, por eso cuando escuchó el sonido del tren que arribaba a la estación, solo cerró los ojos, respiro hondo por que sabía que era de las últimas veces que respiraba y sin más se aventó.
Al momento de caer, las piedras laceraron sus manos y sus rodillas, pero sabía que ese dolor era nada comparado con lo que venía, y esperó con los ojos aún apretados hasta que pasó lo que a ella le pareció una eternidad.
Según había escuchado muchas veces, cuando la vida corre peligro, el transcurso de la misma pasa como una pelicula ante tus ojos, así que ella pensó que el golpe, aunque pronto, tardaría lo suficiente para que ella viera su vida pasar ante ella, pero no pasaba una cosa ni la otra, así que abrió un ojo... el tren estaba detenido a pocos centimetros de ella, un mal cálculo la había hecho arrojarse a las vías del metro hasta la parte delantera del andén.
Entonces comprendió la estupidez que estuvo a punto de cometer, y hasta ese momento comenzó a escuchar las voces que le gritaban: ¡¿Qué estás haciendo niña estúpida?! y otra más, ¡salte de ahí pendeja!... con los ojos llorosos se dijo a sí misma que no valia tanto la pena que no le hubieran dado permiso de ir al concierto de su cantante favorito, que en adelante tendría más y tal vez mejores oportunidades de asistir a ese y a muchos conciertos más... se levantó, vió sus rodillas sangrantes y dió un paso hacia delante, se pisó una agujeta y cayó de frente, su mano derecha cayó justo en el riel que conduce la energía eléctrica que hace funcionar al metro...
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