Hace rato, platicándo con un amigo, comentabamos acerca de lo extraño que suele ser el hecho de querer decir algo y que el efecto no sea el que quizá conscientemente nos propusimos.
Yo mismo me he descubierto cuando al terminar de decir algo, noto que lo hice con un pinche tono tan ególatra y mamón que me resulto insoportable a mí mismo, pero cuando uno tiene la certeza de algo, simplemente se tiene que decir con suficiencia y la energía propia de quien sabe que tiene la razón.
Sin embargo, a veces, debido a la estupidez y mediocridad de la que estamos rodeados no quedan más que dos caminos, tratar de convencer a los demás de que están equivocados (que este acto de por sí es de lo más ególatra que puede existir) o hacerse como que no se escucha para evitar discutir inultilmente.
El pedo es que a mí ambas situaciones me dejan de igual manera ante los demás, si planteo mi punto de vista y lo defiendo, soy un pinche mamón sabelotodo que siempre quiere tener la razón, si me hago pendejo soy un pinche ojete que por sentirse superior le da el avión a todo el mundo.
El amigo con el que platicaba tiene ¿peor? suerte que yo, casi siempre, solo al conocerlo, ya le caga a la gente, y encima dice las cosas de "esa" manera... pppfffftttt
No hay comentarios:
Publicar un comentario