lunes, 11 de septiembre de 2006

Han pasado tantas cosas...

Desde el último post, han pasado varias cosas:

- Se murió mi primo.
Chale... el viernes me avisó mi jefa con voz temblorosa que había muerto mi primo Juanito, y la verdad es que no me afectó, bueno, no su muerte en si, por que la verdad es que nunca lo traté, el único recuerdo que tengo es de cuando ese guey tenía como 4 años y yo 11, por que le llevaba 7 años (¿a poco no soy bein cabrón para las cuentas?).
Sin embargo, estaba convencido, aunque no sé por qué, quizá haya sido un poco de empatía, de que tenía que hablarle a mis tios, puesto que no pensaba ir, y darles el pésame... ¿pero qué dices en esos casos? ni modo de decirles, "pus ni pedo tio (a) así es esto y todos vamos para allá" ¡no mames! Yo me pongo en su lugar y si ha de ser bien culero perder a un hijo.
¿Qué habré fumado para escribir esto?:
El sonido emanaba luz
amanecia
desde la ventana lo vi
y es agradable ver
la primera luz a través de
las gotas de lluvia.
El día llegó
los niños corren felices
por que ya no llueve.
Las calles, de cuyos ladrillos
húmedos hay ricos olores
avanzan lentamente
muestran las plazas
las fuentes y las casas
y veo, solo un poco
y me alejo
es mejor ver llover
a traves de la luz de mis ojos.
Envidio al árbol
por que retiene más lluvia que yo
y por que es más alto
y más frondoso
y por que es árbol
Al fin me doy cuenta de que soy
más árbol que hijo, soy
el nido que, nacido, crecido y forjado
en el árbol
nace, crece, se hace nido y deja de serlo
¡en el árbol! és el arbol.
Fuera del árbol, de la lluvia
y de la luz, a través, o emanando de mis ojos
no hay nada
solo necesite, árbol, lluvia, luz
para crear todo lo que ahora creo que existe
solo recuerda...soy el nido
el árbol.
Y después llovió, y ahí estaba yo, disfrutando de la lluvia, por que la neta es que, cuando llueve, sí me late mojarme. Y ahí tienen, el goce de la lluvia.
Es exquisito el placer sentir
el agua... la de lluvia,
por que la de la regadera no sabe
sentirla cuando todos ansían
dejarla solo para tí
corren, se esconden
o sacan un paraguas
y tu tienes que caminar más lento
l e n t o
y detenerte cada vez que puedas
trata de obtener de ella lo más que puedas
mojarse, estar bajo la lluvia
placer solo comparable
a cuando se empaña el espejo
con los vapores de los sudores
después de una noche agotadora.
Chiales...

jueves, 7 de septiembre de 2006

Lo que me faltaba...

Hoy, otra vez, llegué tarde, bueno, no, la neta es que llegue ¡tardisimo! pero dejen les cuento como estuvo el pedo...
Ayer llegue a las 9:02 (ósea tarde) por lo que decidí que no me volvería a pasar, no me puedo permitir el lujo de quemar el último cartucho que me queda, por lo que hoy me levanté más temprano, me ¿arreglé? en chinga y salí a las 6:30 de mi casa, ¡6:30 no mames!, como podrán suponer tenía la intención de echar una jeta en el camino, que equivale a por lo menos hora y media de jeta en el transporte público, y casi fue así, por que en la combi que me subí sí me jetíe, y no sólo la media hora que es generalmente el tiempo de recorrido de la casa al metro, sino 45 minutotes, que por principio de cuentas, ya era un paro, y no había bronca, por que aún llevaba 15 minutos de ventaja, recuerden que salí 30 minutos antes, pero cuando llegué a la estación La paz de la línea férrea comenzó el desmadre, por que estaba hasta la madre de gente y al parecer no estaban circulando chido los metros, por que, insisto, había un chingo de gente. Me trepé al primero que llegó y, obviamente, ni madres que alcancé lugar y pus ni pedo, a sacrificar los 40 minutos que se supone es el tiempo estimado de recorrido, que al final fue de una hora y cuarto, 75 minutos de apretones, pisotones, dos intentos de tirarme los lentes y un costilla madreada, por que me apretaron contra uno de los tubos del vagón y un pendejo no se quitaba para que yo me pudiera acomodar chido.
Al final, en la otra línea (la nueve) había dos metros a punto de salir, y me subí en el que, según la flecha que prende y apaga indicaba qué iba a salir, me tuve que subir a huevo, por que también ya estaba hasta la madre.
Pinche metro iba párese y párese y yo, obviamente, ya iba mentando madres, por que ya era tarde, además me estaba cayendo de sueño y otra vez me estaban aplastando. En una de esas, se tardó un chingo en la estación Jamaica, y yo, del sueño que traía, me estaba quedando jetón hasta que, en un cabezazo involuntario, me dí en la frente con la puerta del vagón, medio desperté y seguí ahí, aguantando vara a ver a qué pinche hora avanzaba esa chingadera.
Total, llegué 9:30 a la oficina, ya ni siquiera quería llegar, pero iba resuelto a que, a la primer mención de no dejarme entrar, no iba a alegar ni a pedir clemencia para que me dieran chance, me iba a retachar a mi cantón sin más ni más.
Pero no fue así, me recibieron con una sonrisa y un "pásale... ¿está cabrón verdad?" Y bueno, pues a chingarle.
Después de un café bien cargado y antes de las 11:00 ya estaba hasta la madre, pero más bien ya venía así.

miércoles, 6 de septiembre de 2006

A veces me pregunto...
El hecho de esperar algo de alguien, cuando menos en mi caso, siempre termina con una gran decepción. Es lo malo de no querer aceptar que sí estoy solo, que no puedo contar con nadie que no sea yo mismo, el pedo es ese precisamente, que no cuento ni conmigo mismo.
Cuando niño, esperaba contar con alguien, alguien que me dijera "¡bien hecho!" pero no, ese alguien no existía, lo que hacía o dejaba de hacer lo ventilaba conmigo mismo, y no sabía discernir si estaba bien hecho o no, por eso, cuando llovía, el solo hecho de no saber por qué tenía que estar dentro y no poder salir a mojarme, me hacía desesperar hasta las lágrimas.
Los periodos de soledad arriba del árbol, leyendo, imaginando que todo estaba bien, queriendo crecer para dejar de necesitar todo lo que ansiaba a esa edad, me llevaron a separarme por primera vez de mi familia, cuando decidí que el camino era la búsqueda de dios. Búsqueda que terminaría de pronto el día que dejé de sentirme solo. El día que creí haber encontrado lo que siempre busqué.
Pero el tiempo ha pasado, bastante ya desde aquel día, y me pregunto más a menudo si vale la pena creer que tengo algo o si, una vez más, tengo que huir para tratar de encontrarme, convencido de que no habrá nadie ahí a mi lado verdaderamente.
Me siento impotente de darme cuenta de que no puedo ayudar a los que están a mi lado mientras sea dependiente, cómo le hago para curar la desesperación de mi compañera cuando yo vivo desesperado por no querer o no poder aceptar que estoy solo.
Es fácil juzgar a alguien por su debilidad, pero al final es como juzgar a un ciego de no querer ver las cosas. ¿O acaso me gustará sentirme miserable y poca cosa ante los demás?
No descarto la posibilidad de que mi concepción de la amistad esté equivocada, pero debo reconocer e insistir que me da miedo estar solo, o no, tal vez no sea miedo, sino mi estúpida necesidad de sentirme querido.
A veces me pregunto: ¿valdrá la pena seguir?
¿Les ha pasado?

Ayer estaba intranquilo por que tenía una idea que sabía que tenía que postear, pero no encontré, o más bien ni siquiera hice el intento por levantarme a buscar algo donde anotarlo. Y se me olvidó.
También hace dos noches soñe y creí que sería chido postearlo, pero ya no recuerdo ese sueño.
Lo peor de todo es que lo único que recuerdo es que quería escribir esas dos cosas y lo único seguro es que se me ha olvidado. ¿Les ha pasado?