La batalla de las batallas... que nunca se consumó.
"...Leonardo apenas conocía a Miguel Ángel cuando regresó a Florencia en 1503, pero había visto obras suyas y sabía de su prestigio. Pero su primer encuentro oficial data de 1504 cuando le pidieron a Leonardo que formase parte de una comisión mixta , integrada por destacados artistas de Florencia, cuya misión consistiría en decidir el emplazamiento del David de Miguel Ángel..."
Aunque se ignora si Miguel Ángel culpó a Leonardo de que su estatua fuera instalada en un interior, se atribuye a esta circunstancia el origen de su mutuo antagonismo...
Por otro lado, tenemos que en octubre de 1503 le encargaron a Leonardo pintar un gran mural que representase una escena bélica en una de las paredes de la recién construida Cámara del consejo, en el palacio de la Signoria, mientras que Miguel Ángel recibió a su vez, el encargo de la Signoria de pintar una escena bélica, otro mural para Cámara del consejo, en el palacio de la Signoria, justo enfrente de la pared junto a la que Leonardo ya había instalado su andamio para realizar su trabajo.
Sucede que un día, Leonardo fue invitado a detenerse en la calle por un grupo que discutía acerca de un detalle del Infierno de Dante y, considerando que Leonardo podía pronunciarse sobre cualquier tema, le pidieron su opinión. Cuando Leonardo iba a contestarles, vió doblar una esquina a Miguel Ángel, en dirección hacia ellos, «Por ahí viene Miguel Ángel, que seguro os solucionará el problema». A lo que Miguel Ángel, que tenía fama de mal genio, reaccionó ofendido, interpretando el comentario de Leonardo como un insulto. Se encaró desafiante con Leonardo, mayor que él, y le gritó: «Explicadlo vos, que hiciste la maqueta de un caballo que nunca terminasteis. ¡Y los imbéciles de Milan creyeron en vos!», Leonardo se quedó estupefacto, sin encontrar palabras para replicar, y Miguel Ángel se alejó.
Tal rivalidad no pasó inadvertida a los comentaristas de la época. Quizá esperando ver un enfrentamiento directo, muchas personas acudían a verlos trabajar en sus sendos murales. Y, al poco, la coincidencia de los dos artistas más famosos y respetados de Florencia dió en llamarse «La batalla de las batallas».El escultor Benvenuto Cellini llamó al esperado resultado «La escuela del mundo» haciéndose eco de la opinión de que, entre el genio de Leonardo y el de Miguel Ángel, tendrían a los artistas de todo el mundo muy ocupados, durante siglos, tratando de emular sus obras maestras. Por desgracia, no fue así. Leonardo, como muchas otras veces, no terminó el trabajo.